¿Error?

El mar, esa fina y cálida arena, la leve brisa de la noche de verano, el desenfreno de tu juventud… Error lo llamaban, y yo que no lo entendía, fíjate.

Erótico es una palabra demasiado dulce para describirlo. La fresca arena se mezclaba con el aire salado de la brisa marina, dulces y amargos tus labios por ese mi arrepentimiento que no terminaba de consumarse, y de ahí mi cuestionamiento existencial. ¿Por qué?, y no lo sabía, y es por ello que seguía errando, y qué más da…

Y era un error, me replicaban, y yo que seguía sin entender por qué a un deseo se le llamaba error. Dejemos que el cuerpo siga su lujuria, no creo que nadie nos pase la factura.

Aprendí esos días a valorar de otra forma aquello que llaman “error”, a saber: algo muy subjetivo. Tú, Niña, ya acostumbrabas a “equivocarte”. Bendita la hora que erré…

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