Tu foto

Pasando las fotos, entre polvo y ese aire viciado que se respira en un momento tan melancólico, el cruel azar tuvo a bien que encontrara una foto tuya. Y qué linda estabas…

Y viendo esa foto respiré a libertad, y oí el Mar, aquel sujeto que tantas noches de verano nos vio retozar entre la arena, salada brisa que despeinaba tu cabello, niña.

Y recordé los días en que jugábamos a matarnos. Sí, a matarnos con miradas, a matarnos con caricias, con besos susurrados, con tu aniñada insinuación, invitación al pecado. No sabes cuánto te echo de menos.

¿Y cómo sale ella? Nada del otro mundo, tan fascinante como siempre, tan niña y dulce, tan especial, tan loca, tan suya. Morena piel de aquellos días en la blanca playa, sus piernas fino idilio de final pecaminoso, su pelo recogido, para que se aprecie bien ese rostro angelical, y el vestido veraniego, corto, pero que se note el contrapunto más diabólico.

Ay niña…

…Miro la foto y pareces lanzarme otro suave susurro entre el paso de los días, como un grito desesperado de melancolía que cruza dimensiones, un desgarrador llanto de añoranza que traspasa la instantánea, parece que estés tan cerca…

Pero ya no. Se fue. Desapareció entre las locuras de otros tiempos, quedó lejano, intacto, un recuerdo guardado en el cajón de las melancolías inolvidables de mi memoria. Te fuiste pero sigues estando muy, muy cerca.

Toco la pantalla para intentar sentir de nuevo tu mano, pero ya no… Ya no.

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