“A un recuerdo presente”

Con el tiempo aprendí a desaprender, a olvidar el sabor de tus besos y el amargor de nuestras despedidas, todo ello se fundió en el magma del olvido al tiempo que mi corazón caía de otro lado.

Mas no dejé, como ahora, de recordarte en ratos de soledad, de vino y terraza, de libro y café, de música, y de melancolía.

Tu recuerdo ahora se abre paso entre el pasado más hondo que guarda mi vida. De vez en cuando, sale a tomar aire, se deja ver entre el acomodado presente, como para recordar que sigue ahí, que hubo un momento en que temblaron mis cimientos, que hubo alguien al que no parecía importarle mi egocentrismo y que apareció en mi vida para ponerla patas arriba.

Al principio sentí tu pérdida como el arrebato de una parte loca y libertina de mí. Lloré, y aprendí a no llorar más. Y así, tu recuerdo fue haciéndose una historia más, una gran historia.

Realmente te agradezco ese desorden que me causaste, me dio para bastantes folios y versos, también para bastantes pañuelos. Y aunque ahora me haga el fuerte, no quiero ni pensar en la posibilidad de volver a encontrarte, de juntar el pasado con mi deseo y tormento presente, pues aunque ande con copas y compañía, por dentro extraño enormemente esa pasión tan nuestra, aunque eso, eso te lo contaré en la siguiente carta.

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